El diseño de interiores busca crear espacios agradables, confortables y funcionales para el
usuario. Asimismo, proyecta teniendo en cuenta la morfología, la ubicación geográfica y
las necesidades del comitente. En consecuencia logra que el espacio sea más utilizable y
placentero, para hacer más fácil la actividad de quien lo habite. Se estima un promedio de la cantidad de horas que las personas pasan en un interior, el mismo ocuparía el 90% del tiempo del día, para destinar sólo un 10% al tiempo que se pasa en el exterior. Desde los comienzos de la historia de la humanidad, ha existido la intención de crear los
espacios interiores más agradables para sus ocupantes. Las pinturas rupestres descubiertas en diferentes cuevas del mundo dan testimonio de ello.


Durante la primera mitad del siglo XX, el diseño de interiores era considerado un bien de
lujo, que solo las clases sociales altas podían preocuparse. Los profesionales del área eran,
por lo general, artistas o arquitectos. Hoy en día, la expansión de esta rama del diseño ha
llegado a todos, para convertir el diseño de interiores en una carrera universitaria. En
efecto, cobró una importancia decisiva a la hora de ambientar los recintos más diversos:
una vivienda, una oficina, un hospital, un local comercial, etc.
El profesional del diseño de interiores, debe seguir una metodología a la hora de realizar un
proyecto. Es decir, que el interiorista debe comenzar por realizar una investigación y un
análisis de varios aspectos, tales como las necesidades del comitente, la finalidad del
proyecto, para poder decidir no solamente cómo se lo va a realizar, sino también qué
aspectos relacionados con el confort, serán tenidos en cuenta.
La iluminación ha sido desde siempre, una necesidad que el ser humano ha requerido, en
principio por proporcionar sensación de seguridad, ya que permite distinguir los obstáculos
y las personas que se interponen en nuestro camino.